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La palabra puede inventar universos que caben dentro de una hoja de papel.  Esos espacios están poblados de acción, personajes y emociones que obedecen a la voluntad de su autor, quien como “el pequeño dios…” del que habla Huidobro, plasma su visión de la realidad en renglones donde comparte su mundo interno a través de diversas voces que dan carne, sangre, luz y sonoridad a estos mundos que nos entran por los ojos y se convierten en parte, al menos durante la lectura, de nuestro entorno.  Pero, ¿quién están hablándonos desde el texto? ¿Escuchamos con la mirada siempre la misma voz? Cuando leemos, no visualizamos a quien escribe, no escuchamos cómo se arrastras el lápiz o la pluma ni el golpeteo constante sobre las teclas, sino voces que nos hablan desde el papel.

La literatura, como cualquier arte, habita en el reino de la subjetividad, no sólo porque lo que expresa habla de cómo el artista pueda ver la vida misma, y que su destino sea la mirada también teñida de experiencias de su lector, quien como co-creador de la obra la recibirá a través de su propia experiencia. sino también porque para lograr verosimilitud, el texto requiere de la subjetividad de quien narra la obra.

La idea fundamental al crear la materia de Enunciación y voces del relato, es hacer llegar a nuestros estudiantes las diversas posibilidades que tiene un autor de embozarse tras los variados disfraces que pueden proveerle los distintos puntos de vista y voces de quienes narran una historia a través de la construcción de uno o varios narradores que median entre quien escribe y quien lee. Es decir, no es lo mismo hablar de un suceso desde la distancia, con un amplio panorama y sin involucrarse, que platicar el mismo hecho si se tomó parte en él; y tampoco puede verse de igual manera si se es la víctima del suceso que si se es el perpetrador, y aún en el caso, no se refiere de la misma forma ante desconocidos que en la intimidad; eso si contar con que no narra igual un doctor en filosofía que un campesino.

Estas son algunas de las perspectivas que puede utilizar un autor para escribir una historia y tendrán consecuencias tanto en la forma como en la eficacia de sus textos.  La finalidad siempre será lograr ese pacto silencioso con su lector que le permite atrapar su atención y convertirlo en su cómplice mientras dure la lectura.

Espero que me acompañen en esta búsqueda de las herramientas necesarias para el manejo de estas diversas voces que la figura del narrador nos puede ofrecer.

Teresa Dey